4 septiembre, 2020

La otra cara de las noticias

AUMENTA LA GUERRA DE CIFRAS EN MEXICO

Octavio Campos

Decía un profesor poco ortodoxo de matemáticas en la secundaria que las estadísticas servían para dos cosas: para nada y para mentir. Creo que su severo y ligero comentario no se sustenta en la primera afirmación, pero por lo que hace a la manipulación de cifras tenía razón.

Hoy la sociedad esta polarizada no solo por el discurso político, sino por las estadísticas.

Salvo el INEGI, todos los organismos evaluadores o que hacen mediciones sociales o económicas presentan números diferentes, así como las métricas de las ONG ́s, de instituciones educativas, periodísticas, de casas encuestadoras y un largo desfile de membretes que se enfrentan a los concentrados de las dependencias oficiales.

La danza de cifras va desde la económica, la de empleo, la de estándares de bienestar, la de crecimiento o desarrollo económico, la de calidad educativa, la de indicadores de salud, y obvio la de incidencia delictiva -especialmente los homicidios dolosos y las, en mi opinión, mal llamados feminicidios-, entre otros temas.

La guerra de cifras ha propiciado la confrontación entre el gobierno y la oposición, la sociedad civil y los organismos evaluadores.

Hay dos claros ejemplos de ello.

En 2006, la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de México debatió con el INEGI por el número de homicidios dolosos de mujeres. Ese enfrentamiento hizo que se estigmatizara al EDOMEX como el lugar con más feminicidios en el país, errónea y dolosamente se encasilló al EDOMEX como más violento que Ciudad Juárez en muerte de mujeres. Solo que había dos impresiones.

La primera, una negligencia de la PGJEM, ya que todo deceso femenino iniciaba una averiguación previa como homicidio doloso, aunque después se precisara pericialmente que había sido suicidio, infarto, muerte accidental, caída, choque o atropellamiento; pero nunca se hizo la corrección en el informe mensual al INEGI. Esa negligencia y error metodológico fue omitido por el INEGI y mantuvo las cifras irreales.

A ello había que sumarle el dolo con el que se exhibió al EDOMEX, haciéndolo pasar como más violento que Ciudad Juárez. En efecto los números absolutos eran abrumadores, solo que hay una salvedad: Ciudad Juárez es un municipio y el Estado de México está integrado por 125.

Pero nadie quiso ver eso. Si había que comparar a la ciudad fronteriza de Chihuahua era contra Ecatepec, Neza, Chimalhuacán, Chalco o Ixtapaluca de manera unitaria; entonces si ver los datos duros. Por cierto, tampoco se quiso

comparar el número de muertas por cada 100 mil habitantes como marca la metodología internacional. Hasta la fecha, se cree que esa entidad federativa es mas violenta que una célula básica de nuestra división política.

Con más grilla que intención de querer colaborar en la reducción de la impunidad, organismos ciudadanos también dan su propia interpretación de las estadísticas. Si el objetivo es exhibir al país como el más violento del orbe, se usan los números absolutos y dicen que estamos peor que Siria, Irán, Afganistán o cualquier otra nación en conflicto, sabiendo que para efectos estadísticos no se toman como referencia Estados que enfrentan una guerra civil o el terrorismo.

Si, México atraviesa por una crisis grave de seguridad, pero hay que dimensionar a nuestros muertos; no somos más violentos que Estados Unidos, El Salvador, Brasil, Somalia o la Europa Oriental.

Por supuesto que las estadísticas sirven para medir a una sociedad, pero para acabar con las discusiones bizantinas y estériles debates que solo restan credibilidad a las instituciones y que confunden a la opinión publica por sobrevaluar el impacto de lo numérico, es fundamental reconocer que solo son validad las estadísticas que cuentan con un método científico, no los muertómetros periodísticos o los estudios a modo de empresas que no exhiben su metodología; por ello, las únicas estadísticas serias y validas son las del INEGI, a ellas debemos atenernos para analizar y debatir. Ello evitará la infodemia de la violencia y el sensacionalismo de la numerología.

La información debe ser compartida